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Escucha lo que no digo

>> sábado, 23 de julio de 2011

"No te dejes engañar por mí.
No permitas que te engañen mis apariencias.

Porque no son más que una máscara,
quizá mil máscaras que temo quitarme,
aunque ninguna me representa.

Doy la impresión de estar seguro,
de que todo va viento en popa,
tanto dentro como fuera,
de que soy la confianza personificada,
de que la calma es mi segunda naturaleza,
de que controlo la situación
y de que NO TENGO NECESIDAD DE NADIE.

Pero no me creas, te lo ruego.
Externamente puedo parecer tranquilo,
pero lo que ves es una máscara.

Por debajo, escondido, está mi verdadero yo
sumido en la confusión, el miedo y la soledad.

Pero lo escondo.
No quiero que nadie lo sepa.
Me aterra pensar que pueda saberse.
Por eso tengo constantemente necesidad
de crear una máscara que me oculte,
una imagen pretenciosa que me proteja
de las miradas sagaces.

Pero esas miradas son precisamente mi salvación,
y lo sé perfectamente,
con tal que vayan acompañadas
de la aceptación y del amor.

Entonces, esas miradas, se convierten
en el instrumento que puede liberarme de mí mismo,
de los mecanismos de defensa
y las barreras que he levantado entorno a mí,
en el instrumento que puede mostrarme aquello
de lo que no consigo convencerme:
que realmente tengo un valor.

Pero esto no te lo digo,
no tengo coraje:
Me da miedo que tu mirada no venga acompañada
de la aceptación y del amor.

Quizá temo lo que pueda pensar,
que puedas cambiar de opinión sobre mí,
que te burles de mí
y que tu sonrisa me fulmine.

En el fondo, lo que temo es no valer nada,
y que tú te des cuenta y me rechaces.

Por eso sigo con mi juego
de pretensiones desesperadas,
con una apariencia externa de seguridad
y con un niño tembloroso por dentro.

Despliego mi desfile de máscaras
y dejo que mi vida se convierta en una ficción.

Te cuento todo lo que no importa nada,
y nada de lo que de verdad importa,
de lo que me consume por dentro.

Por eso, cuando reconozcas esta rutina,
no te dejes engañar por mis palabras:
escucha bien lo que no te digo,
lo que querría decir, lo que necesito decir,
pero no consigo decir.

No me agrada esconderme, te lo aseguro,
me encantaría ser espontáneo, sincero y genuino,
pero tendrás que ayudarme.

Por favor, tiéndeme tu mano,
aún cuando parezca que eso es lo último que deseo.
Tú puedes sacar a la luz mi vitalidad,
cada vez que te muestras amable, atenta y diligente,
cada vez que tratas de comprenderme,
cada vez que me aceptas tal y a pesar de lo que soy.

Porque me quieres,
mi corazón palpita y renace.

Quiero que sepas lo importante que eres para mí
y el poder que tienes, si quieres,
de sacar a la luz la persona que yo soy.
Escúchame, te lo ruego.
Tú puedes derribar las barreras
tras las que me refugio,
tú puedes arrancar mi máscara,
tú puedes liberarme de mi prisión solitaria.
¡No me ignores! ¡No pases de largo, por favor!
Ten paciencia conmigo.
A veces parece que, cuanto más te acercas,
tanto más me revelo contra tu presencia.
Es irracional, pero es así:
combato aquello de lo que tengo necesidad.
Así somos los humanos muchas veces
Pero el amor, el amor de Dios que habita en ti,
es más fuerte que toda resistencia,
y ahí reside mi esperanza,
mi verdadera esperanza.
Ayúdame a derribar las barreras
con tus manos firmes,
pero a la vez delicadas,
pues dentro de mí habita un niño
y un niño es siempre muy frágil.
¿Te preguntas quién soy?
Soy alguien a quien conoces muy bien.
Soy cada persona con quien te encuentras.
Soy... tú mismo".

Autor desconocido...
Me apetecio compartirlo con vosotros...

3 comentarios:

Ene 24 julio, 2011  

A veces hay que ser valiente y quitarse, al menos, alguna de esas máscaras. Hay que ser fuerte y hacerlo. Todos podemos.

thony 26 julio, 2011  

El texto me parece precioso ^^
y... creo k al escribirlo, uno es sincero consigo mismo, y es unos de los primeros pasos, para kitarse las maskaras; 1º con uno y luego con los demas ^^

Anónimo 14 diciembre, 2011  

Empece por admirar esas máscaras que luces de seguridad, de autoconfianza, de serenidad, de autocontrol...pero solo me bastó una mirada de cerquita a tus ojos para verte un poco por dentro, para empezar a conocer a ese niño desnudo, con miedos, con hondas soledades, con heridas, pero también a ese niño de colores, de sueños, de manos cálidas y sinceras, ese niño lleno de dulces esperanzas que por mas que le hieran conserva su genuina inocencia, su suave corazón y su vital y sincera sonrisa. Ese niño que necesita refugio de vez en cuando y alguien con quien compartir sus tiernos juegos...
Esa companera de juegos es la niña que te miró esa vez y pudo leer en tus ojos y en tu alma y un poquitito mas de lo que los otros lo hacen y la que se quito todas sus máscaras ante ti.

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